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Tacuarembó cuenta con 19 centros CAIF: Visitamos al CAIF Colmenita

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Por Tito Espinosa|INAU: Fotos|

Desde el año 1988 están en funcionamiento los Centros de Atención a la Infancia y a la Familia (Plan CAIF), siendo una política pública desarrollada entre el Estado, Organizaciones de la Sociedad Civil e Intendencias Municipales, con el objetivo de garantizar la protección y promover los derechos de los niños y niñas, desde la concepción hasta los 3 años de edad.

El organismo responsable de los centros CAIF es el Instituto del Niño y el Adolesente del Uruguay (INAU), que según datos proporcionados por la misma entidad, asisten 62.300 niños y niñas en un total de 474 centros CAIF a nivel nacional. En Tacuarembó, asisten aproximadamente 2.300 niños y niñas en un total de 19 Centros CAIF a nivel departamental. Estos datos corresponden al mes de marzo del presente año.

Respecto al tipo de  servicios que brinda un centro CAIF, el INAU puntualiza lo siguiente: atención diaria a niños y niñas de 0 a 3 años, apoyo y acompañamiento a los referentes familiares, brindar talleres semanalmente, inclusión a niños con discapacidad con apoyo de una asistente personal y alimentación de elaboración artesanal. Esto último apoyado por el Instituto Nacional de Alimentación (INDA).

La experiencia del centro CAIF Colmenita

Portal del Norte dialogó con Marina Ramos y el psicólogo Emiliano Mattiauda, ambos trabajan en el “CAIF Colmenita” ubicado en la Avenida Oliver de la ciudad de Tacuarembó. Este centro CAIF se encuentra en un moderno edificio que se inauguró en 2019 y es gestionado por una Sociedad Civil. 

En la Colmenita asisten unos 104 niños divididos en tres niveles por edad; 0 1 año, 1 a 2 años y 3 a 4 años. En lo que refiere a la modalidad de actividades, se realizan talleres todas las semanas, la carga horaria de cada taller depende de la edad del niño. El equipo del centro está conformado por educadores de sala con maestros referentes, 2 psicomotricistas, un trabajador social, un psicólogo y por un gestor. Además, cuentan con un auxiliar de servicios y una educadora alimentaria.

Como se describe al Plan CAIF, estos tienen la función de ayudar a los sectores más vulnerables de la sociedad en la atención de la primera infancia y acompañamiento familiar. Contextualizando, Emiliano Mattiauda dijo que “hay problemáticas en el barrio de las más diversas y de las que no son ajenas a cualquier otro entorno de la ciudad de Tacuarembó, como; las de violencias, consumo de sustancias, precariedad en la vivienda y vulnerabilidad socioeconómica”.  

Cada CAIF nucela una zona geográfica, en el caso de Colmenita llega hasta la zona rural de Zapara y los barrios de: La Matutina, Reggi, Molino, Nuevo Tacuarembó, Zapicán, Diego Lamas, Montevideo, La Sexta y Rincón de la Aldea.

“El CAIF está en un lugar estratégico porque es la salida de todos los barrios de La Sexta y de más allá. Era la necesidad porque al comienzo era un CAIF muy humilde, porque estábamos en otro lugar, en un salón pequeño”, contó Marina Ramos.

En lo que refiere al contrato y la administración de la Colmenita, Ramos explicó que “ es público-privado, está el INAU y Las Asociaciones Civiles” , y sobre estas últimas Ramos agregó que “somos vecinos que estamos dispuestos a realizar un trabajo social y que por medio de un convenio con INAU asumimos deberes, responsabilidades y derechos”.

“Son 11 las Sociedades Civiles que se dedican a gestionar centros CAIF, cada uno de esos centros tiene sus necesidades y realidades muy diferentes, pero nos reunimos periódicamente para discutir la solución de cada uno de esos problemas. En general, hacemos planteamientos al Comité Nacional de Plan CAIF y en este momento se está planteando una serie de necesidades y de urgencias a la dirección del INAU”, comentó Ramos.

En la atención a los niños, Ramos detalló que “el equipo trabaja cuando está la mujer embarazada y a partir de ahí ella está sintiendo un respaldo institucional que no lo hacemos solo nosotros, sino otras instituciones que conviven con nosotros, ya sea; el MIDES, MSP, Congreso de Intendentes, ASSE y la IDT”.

Sobre para quiénes está enfocado la asistencia del CAIF, Mattiauda señaló que “es para aquella parte de la población que presenta algún grado de vulnerabilidad de diversos tipos”, y añadió que “la modalidad es por cupos, son 24 niños por nivel”.

Por último, tanto Ramos como Mattiuada destacaron la gran demanda de solicitudes de padres para que sus hijos asistan al CAIF. “Ha ido aumentando, porque en el 2005 empezó la política de primera infancia, se vio la importancia que tiene para el resto de la vida del niño, sobre todo del primer año”, expresó Marina Ramos del CAIF Colmenita.

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Tacuarembó bajo agua: el desborde del arroyo Tacuarembó Chico deja decenas de desplazados y afecta servicios clave

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Fotos: Diego Gómez|

La ciudad de Tacuarembó atraviesa horas de profunda incertidumbre y emergencia debido a la fuerte crecida del arroyo Tacuarembó Chico, cuyo nivel alcanzó los 7,30 metros tras una jornada de lluvias intensas en todo el departamento. El desborde del cauce ha transformado el paisaje urbano en un escenario de calles anegadas y barrios aislados, obligando a las autoridades locales a activar protocolos de evacuación inmediata y a reorganizar el tránsito en puntos neurálgicos de la capital.

El impacto de la inundación se percibe con especial dureza en las zonas recreativas y periféricas. El emblemático Parque Rodó muestra sus puestos de tortas fritas y juegos infantiles bajo agua, mientras que la Laguna de las Lavanderas y la zona de Paso El Bote han sido completamente sobrepasadas por la corriente. En el Barrio Sandú, la situación es crítica: las familias han tenido que improvisar defensas y, en los casos más extremos, alistar botes para vigilar sus propiedades, mientras observan cómo el agua brota desde los suelos de sus dormitorios, destruyendo muebles y pertenencias a su paso.

De acuerdo con la información proporcionada a Canal 7 por Martín Saralegui, representante del Centro de Emergencias Departamental (CECOED), actualmente se registran 11 personas evacuadas —alojadas en el Club Central— y más de una veintena de autoevacuados. Saralegui destacó que el número de desplazados podría ser mayor, pero muchos vecinos optan por permanecer en sus hogares inundados por temor a la inseguridad y la pérdida de sus bienes materiales. Desde el organismo se ha hecho un llamado enfático a que la población en riesgo solicite ayuda a través del 911 durante las horas del día para evitar rescates nocturnos de alta peligrosidad.

La logística urbana también ha sufrido un duro golpe. Juan Carlos Osorio, desde el área de Tránsito, para el mismo medio, detalló un complejo esquema de cortes que incluye la interrupción de la avenida Seco Aparicio y desvíos en las calles Gutiérrez Ruiz y Lavalleja para mitigar el caos en las horas pico. La Terminal de Ómnibus ha visto sus operaciones afectadas, con varias empresas de transporte interdepartamental obligadas a atender fuera de sus plataformas habituales debido al agua acumulada en la zona de la rambla y la calle Ituzaingó. Se recomienda a los viajeros verificar la situación de sus servicios antes de asistir a la terminal.

Este panorama es el resultado directo de acumulados pluviales extraordinarios en el departamento, según los registros de la Jefatura de Policía de Tacuarembó. Localidades como Achar alcanzaron los 156 mm, Curtina 145 mm y San Gregorio de Polanco 140 mm, mientras que la capital departamental registró 80 mm. Aunque el reporte de las 19:16 horas indicaba que el nivel del arroyo comenzaba a estabilizarse al cesar las lluvias, el comité de emergencia se mantiene en sesión permanente, vigilando de cerca los barrios Rivera, Oliva y Echeverry, históricamente vulnerables a este tipo de fenómenos climáticos.

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Incertidumbre en el Sandú: 30 familias acampan frente a la Intendencia tras orden de desalojo

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Foto: Canal 7|

El clima de tensión se trasladó a las puertas de la Intendencia Departamental. Un grupo de vecinos de la zona de la calle 25 de Agosto y la Rambla, en el barrio Sandú, inició un acampe por tiempo indeterminado. La razón es urgente: una notificación judicial les advierte que, de no abandonar sus hogares antes del 25 de mayo, serán desalojados mediante el uso de la fuerza pública.

La movilización, encabezada por Silvia Rodríguez y Adrián Suárez, busca visibilizar el drama humano detrás de un litigio de tierras que, según los ocupantes, tiene raíces generacionales. Para Silvia Rodríguez, el conflicto no es solo legal, sino de identidad. Ella asegura que su familia habita ese lugar desde hace más de 100 años, pasando por sus abuelos y su padre, Pedro Rodríguez. Según su relato, el terreno fue objeto de una disputa legal que su padre habría ganado en el pasado, pero tras su fallecimiento y el paso de más de dos décadas, un abogado habría apelado en Montevideo logrando revertir la situación a favor de un privado sin que la familia fuera notificada del proceso.

La valorización del terreno tras la construcción de la Rambla es señalada por los vecinos como el motivo principal detrás del interés por recuperarlo. Sin embargo, el costo social es elevado: el censo realizado por los propios vecinos arroja una cifra de 30 familias afectadas, que incluyen a 27 niños y adolescentes, así como personas mayores con problemas de salud, como un hombre que padece Parkinson y una mujer de 72 años con movilidad reducida.

La precariedad económica es el principal obstáculo para un realojo autónomo. Adrián Suárez explicó que la mayoría de los habitantes viven de “changas” y de la venta callejera de alimentos, lo que les impide acceder a un alquiler o tener ahorros para una mudanza de emergencia. Ante la falta de recursos, las familias exigen una solución inmediata que pase por quedarse en el lugar o ser incluidos en un plan de viviendas dignas.

Como medida de fuerza, los niños han dejado de asistir a la escuela y al jardín para permanecer en el acampe. Los manifestantes aseguran que no se retirarán de las puertas de la Intendencia hasta ser recibidos por el Intendente Departamental, buscando una salida política antes de que el 25 de mayo el desalojo se haga efectivo con el apoyo de la policía. Mientras tanto, el grupo sobrelleva la espera con ollas populares y la convicción de defender lo que consideran su única herencia legítima.

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Condenan a siete años de prisión a militar por torturas en el Regimiento de Tacuarembó

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El Juez Letrado de Primera Instancia de Tacuarembó de 5to. Turno, Óscar Suárez, dictó sentencia definitiva contra el militar retirado Carlos Chaine, condenándolo a siete años de penitenciaría por crímenes cometidos durante la última dictadura militar. La resolución, fechada el 2 de marzo de 2026, establece la responsabilidad de Chaine como coautor de cuatro delitos de privación de libertad, en concurrencia con reiterados delitos de abuso de autoridad contra los detenidos y lesiones personales.

Los hechos que motivaron la condena se remontan a febrero de 1976 en el Regimiento de Caballería Mecanizada Nº5 de Tacuarembó. Según el expediente judicial, las víctimas —militantes del Partido Comunista del Uruguay identificados como Emilio Toribio, Ariel Zapata, Carlos Pintos, Julio Basualdo, María del Carmen Rebuffo y María Elvira Gómez— fueron sometidas a torturas sistemáticas que incluyeron plantones prolongados, el uso de la picana eléctrica, colgamientos y simulacros de fusilamiento, además de violencia psicológica y trabajos forzados degradantes.

La causa judicial, que se extendió durante 14 años desde su apertura en marzo de 2012, enfrentó diversas dilatorias procesales interpuestas por la defensa, centradas principalmente en recursos de prescripción. A lo largo del proceso, varios de los militares y un médico inicialmente denunciados fallecieron, quedando Chaine como el principal responsable supérstite alcanzado por la sentencia.

El fallo del magistrado, que consta de más de 40 carillas, se sustenta en una sólida base probatoria documental y testimonial. El juez Suárez destacó la «convergencia fáctica» en los relatos de las víctimas, quienes describieron con precisión el cuartel en construcción y el uso de carpas con piso de madera, detalles que el propio Chaine admitió en sus declaraciones. Esta coincidencia situó al indagado en el mismo espacio físico y temporal que los detenidos.

Asimismo, informes del Ministerio de Defensa y actas de la antigua Justicia Militar confirmaron que Chaine revistaba como Alférez y encargado de obras en dicha unidad al momento de los hechos. La sentencia subraya que su rol como encargado de obra le otorgaba un conocimiento exhaustivo del predio y un «dominio operativo» que facilitó la ejecución del plan delictivo y el mantenimiento de la coacción sobre los civiles detenidos.

El dictamen judicial concluye que la participación de Chaine fue necesaria para la consumación de los apremios físicos, señalando que el encausado integraba el círculo de confianza del aparato represivo local en Tacuarembó hace cinco décadas.

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