Cultura
Tunda Prada lleva la magia de la arena y el sonido al Teatro Escayola con «Duna»

Escribe Tito Espinosa|
Fotos: Duna web oficial|
El próximo 24 de mayo, el Teatro Escayola de Tacuarembó se prepara para una experiencia que promete trascender los límites de lo convencional. El artista uruguayo Tunda Prada desembarca en la ciudad con su obra «Duna», un espectáculo que se presenta como un fascinante cruce de caminos entre lo sonoro, lo visual y lo táctil, todo sazonado con una profunda raíz identitaria. Olvídense de las pantallas parpadeantes y los efectos prefabricados; Prada propone un viaje artesanal donde la arena, la música y el gesto humano se entrelazan en una danza en vivo y a todo color.
En una era dominada por la inteligencia artificial y la producción en masa, «Duna» se erige como un manifiesto de lo auténtico, de la belleza que emerge del trabajo manual. Prada, con la guitarra como punto de partida, teje una trama sonora que abraza los ritmos ancestrales de la región – milongas, zambas, chacareras, litoraleñas, chamarritas, candombe y milongón – inyectándoles una dosis de rock, pop y experimentación electrónica. Pero la música es solo una hebra de este tapiz sensorial.
El verdadero corazón visual de «Duna» reside en una mesa de transparencia cubierta de arena. Allí, las manos de Prada esculpen paisajes efímeros, dibujos que nacen y se desvanecen al compás de la música. Una cámara cenital captura cada trazo, proyectando las imágenes en tiempo real sobre una pantalla gigante, permitiendo al público ser testigo directo del proceso creativo. Y como si esto fuera poco, la mesa misma se convierte en un instrumento más: sensores y piezas estratégicamente ubicadas disparan sonidos y vibraciones al contacto con la arena, transformando los movimientos del artista en una experiencia simultáneamente visual y auditiva.
«El espectáculo parece una cosa muy impresionante pero en realidad es algo muy sencillo», confiesa Prada en una entrevista exclusiva. «En tiempos de la inteligencia artificial donde muchas creaciones están por fuera de lo artesanal esto se vuelve un espectáculo muy artesanal. Si bien el obstáculo está apoyando con tecnología lo hacemos todos con nuestras propias manos.»
Pero la propuesta de Prada va más allá de la mera exhibición artística. Consciente de la importancia de la inclusión, el espectáculo incorpora la participación de dos intérpretes de lengua de señas que traducen tanto las narrativas como las letras de las canciones, garantizando que la experiencia sea accesible para todos. Además, músicos en vivo acompañan la mayoría de los temas, enriqueciendo la atmósfera sonora con paisajes que se despliegan en la pantalla junto a las imágenes de arena. Incluso un artista de «cuestiones virtuales cibernéticas» se suma al equipo, tomando los dibujos de Prada y editándolos para su aparición en diferentes pantallas, añadiendo una capa de reinterpretación digital a la base artesanal.

«Todo lo que sucede aparece en vivo, tanto las canciones, los relatos, los cuentos y los dibujos,» explica Prada sobre su método. «Yo dibujo en una mesa de transparencia donde tengo un pedestal en el escenario y eso está captado por una cámara que proyecta para luego repartirlos por las diferentes pantallas que hay.»
La arena, elemento central que da nombre al proyecto («Duna»), actúa como un aglomerante de todas estas disciplinas. No solo proporciona el lienzo para las imágenes en vivo, sino que también se convierte en un símbolo de la maleabilidad, del constante fluir y transformación que impregna toda la propuesta. «La idea es que todo sea muy inclusivo ya que se busca tener sensaciones lo más abrasadoras posibles, eso es un poco la idea, que creo que es tan simple,» reflexiona el artista.
Prada no escatima elogios para su equipo multidisciplinario, describiéndolos como profesionales de «primera línea». A pesar de ser solo cuatro personas en escena, el enfoque sigue siendo profundamente artesanal. «Si bien trabajamos con programas para las cuestiones escénicas tanto el sonido como la imagen, para ordenarlos,» aclara, subrayando que la esencia del espectáculo reside en la ejecución en vivo y la conexión humana.
«Esta es una muy buena obra para que la vea la gente del arte, desde puntos, escultores, músicos,» adelanta Prada, sugiriendo que «Duna» tiene el potencial de resonar con creadores de diversas disciplinas.
La génesis de este proyecto singular se remonta a una profunda reflexión sobre la percepción y la esencia del arte, inspirada en la experiencia de un amigo ciego capaz de «sentir» un partido de fútbol. «Entonces se empieza a descubrir de donde salen los elementos básicos del arte que nos mueve a todos los humanos. El arte viene de la percepción y son como la raíz de los estudios del arte,» explica Prada, mencionando autores que influyeron en su búsqueda de la esencia creativa.

Este punto de partida lo llevó a conectar con comunidades de personas sordas y ciegas, descubriendo la riqueza de sus lenguas y culturas. «Entonces el espectáculo habla de cómo filtramos lo que sentimos y lo llevamos a pensamiento, por eso viene la subjetividad,» concluye Prada, revelando una capa conceptual profunda que subyace a la aparente sencillez de la propuesta.
«Las canciones son todas con raíces folklóricas que es un contraste muy grande. Donde también aparece mi mano dibujando con arena, nada de tabletas gráficas por eso es tan artesanal. Por eso lo contratamos, es como un juego,» destaca Prada, invitando al público a presenciar esta particular forma de diálogo entre tradición y experimentación.
El 24 de mayo, el Teatro Escayola de Tacuarembó se convertirá en un espacio donde la arena cobra vida, la música se dibuja en el aire y los sentidos se expanden. «Duna» de Tunda Prada no es solo un espectáculo; es una invitación a reconsiderar la naturaleza del arte, la belleza de lo artesanal y el poder de la inclusión. Una cita imperdible para aquellos que buscan experiencias que trasciendan lo puramente visual o auditivo, y que resuenen en lo más profundo del alma tacuaremboense.

Cultura
Pueblo Chico: Un viaje al corazón del absurdo y la esperanza

Función Despedida: Viernes 19 de Junio| Teatro Escayola| Entradas en Tickantel
Tras el éxito de su temporada 2025, donde agotó cuatro funciones en el Teatro Escayola, regresa Pueblo Chico. La obra escrita y dirigida por Natalia Soboredo, con música original de Federico Cáceres y un elenco 100% tacuaremboense, se presenta este viernes 19 de junio en una única función de despedida.
Un astillero sin agua y un mar invisible
Pueblo Chico es una comedia dramática que fusiona con maestría elementos del teatro del absurdo y el realismo mágico.
La trama nos sumerge en la particular vida de la familia Campomar, un grupo de personajes entrañables y obstinados que habitan un rincón del mundo donde la realidad se moldea al capricho de un sueño ancestral. En el centro de esta peculiar existencia se encuentra Don Jaimecito, cuya fe inquebrantable en la llegada de un mar prometido por su difunto abuelo (quien sigue marcando el rumbo desde su retrato) da sentido a un astillero… que no tiene agua.
La aparente normalidad se rompe con la llegada de Camilo Buenaparte, un forastero enfocado en los negocios y la lógica que, tras quedar varado por un desperfecto en su auto, se ve forzado a convivir con la familia. Esta convivencia obligada difumina lentamente las líneas entre la cordura del mundo exterior y el peculiar e hipnótico encanto de Pueblo Chico.
La obra explora con un humor absurdo e irónico la colisión entre la esperanza innegociable y la cruda realidad. Nos invita a reflexionar sobre el peso de los legados familiares, la lucha por la supervivencia y la extraña belleza del aislamiento. Es un recordatorio de que, a veces, la verdad más profunda no se ve, sino que se siente, y que la persistencia en un sueño, por más descabellado que parezca, puede ser la única forma de habitar el mundo.
Identidad local y trayectoria en escena
La dirección está a cargo de Natalia Soboredo, dramaturga, actriz y docente con una vasta trayectoria, referente clave del teatro local e impulsora de la producción cultural independiente en la región (detrás de iniciativas como Tacua Noise). Formada originalmente en el mítico grupo Arlequín, la directora propone un lenguaje escénico honesto y crudo. El espectáculo cuenta, además, con la participación especial del reconocido William Soboredo y un elenco compuesto íntegramente por talentos de Tacuarembó.
La puesta en escena destaca por una fuerte expresividad física y un diseño sonoro único: la atmósfera emocional está tejida por la música original compuesta y grabada especialmente por Federico Cáceres.
Ficha Técnica y Artística
● Dramaturgia y Dirección: Natalia Soboredo
● Actúan: Mayra Bordagorry, Matías Camacho, Sebastián Coelho, Claudia Pedrozo y Pablo Vera
● Participación Especial: William Soboredo
● Música Original (Compuesta y grabada): Federico Cáceres
● Fotografía: Vanessa Bulmini
Contacto de Prensa:
● Nombre: Natalia Soboredo
● Teléfono / WhatsApp: 099275502
● Email: nataliandreasoboredo@gmail.com
Cultura
La cultura del norte está de fiesta: el Teatro Escayola celebra 135 años de historia, arte e identidad

Hoy, 31 de mayo, no es una fecha cualquiera para el patrimonio del norte uruguayo. Se conmemora un nuevo aniversario de la fundación del Teatro Escayola, un gigante arquitectónico que ha sabido desafiar el paso del tiempo y consolidarse como uno de los centros culturales más emblemáticos del país. Según los datos históricos detallados en la Gacetilla del propio teatro, la historia de este recinto es, por definición, una muestra de audacia decimonónica.
Corría el año 1891 y Tacuarembó ni siquiera era la ciudad que conocemos hoy; era la Villa San Fructuoso, un asentamiento de apenas unos miles de habitantes. En ese contexto de calles de tierra y carretas, el coronel Carlos Escayola —figura clave de la historia local y popularmente reconocido por su vínculo con la historia de Carlos Gardel— impulsó una verdadera quijotada: levantar un teatro de primer nivel.
Lo singular de este edificio es que nació rompiendo todos los moldes de la época. En una comunidad pequeña, antes de que la villa contara siquiera con edificios institucionales clave como la Intendencia o la Catedral, ya se erigía esta joya inspirada en los grandes modelos europeos. El ambicioso proyecto fue diseñado por el ingeniero francés Víctor L’Olivier y construido por la empresa de José Mazuchelli, convirtiéndose rápidamente en el epicentro del encuentro social y cultural para toda la región. Basta mirar los registros de la época para entender el impacto visual y social: el paisaje urbano mutó radicalmente, pasando de ser una villa con terrenos en plena cimentación a principios de 1891, a lucir una deslumbrante fachada donde la sociedad local se agolpaba para las grandes veladas hacia finales del mismo año.
Como toda gran leyenda cultural, el Escayola también conoció las sombras y logró la hazaña de ser testigo y protagonista a lo largo de tres siglos: nació a fines del siglo XIX, atravesó el siglo XX y hoy se proyecta con fuerza en pleno siglo XXI. Tras largas décadas de esplendor, el edificio atravesó duros y prolongados períodos de cierre y deterioro que amenazaron con borrar su legado. Sin embargo, los pueblos que cuidan su memoria no dejan morir sus templos. El 19 de abril de 2024, el Teatro Escayola volvió a abrir sus puertas de par en par. Totalmente restaurado y reconvertido en un teatro público, recuperó su lugar vibrante dentro de la vida cultural de Tacuarembó y de todo el Uruguay.
Celebrar los 135 años de este espacio no es solo conmemorar ladrillos, mármoles y molduras; es celebrar la identidad profunda de una tierra notablemente fértil para el arte. El teatro forma parte de una identidad cultural profundamente ligada al territorio, donde flotan los nombres, relatos y figuras fundamentales de la cultura uruguaya. Por sus historias y alrededores caminan el mito de Carlos Gardel, la poesía de Circe Maia, la literatura de Tomás de Mattos y la música de Eduardo Darnauchans, entre tantos otros creadores vinculados a Tacuarembó. Hoy, el Centro Cultural Escayola —ubicado en la clásica dirección de 25 de Mayo 163— vuelve a consolidarse tal como lo soñaron sus fundadores: como un espacio vivo de encuentro, memoria y creación, recordándonos que el patrimonio no es una foto fija del pasado, sino el corazón latente de nuestra identidad colectiva.
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Cultura
Tacuarembó celebra el Mes del Libro con poesía performática y el lanzamiento de un sello editorial propio

La Dirección General de Educación y Cultura presentó una variada agenda de actividades que busca descentralizar la literatura y brindar oportunidades históricas de publicación a los escritores locales.
La Intendencia Departamental de Tacuarembó, a través de su Dirección General de Educación y Cultura, dio a conocer una serie de actividades planificadas para extender la celebración del Día del Libro durante todo el mes. El programa, diseñado para captar a distintos públicos y dinamizar la escena cultural de la región, incluye propuestas que van desde la interpretación artística en vivo hasta la creación de herramientas concretas para el desarrollo de los autores locales.
La agenda comenzará este sábado 23 a partir de las 17:45 horas en la Sala Brocco con la llegada de «Poeta soporta poeta», un reconocido ciclo de poesía performática con amplia trayectoria en Montevideo. Esta propuesta se caracteriza por llevar la poesía más allá del texto impreso, fusionándola con la expresión corporal, la voz y una energía particular que transforma la lectura en una verdadera interpretación escénica. El evento contará con la participación de tres duplas compuestas por seis poetas en total.
La jornada del sábado también tendrá un fuerte componente musical y literario. El grupo local “Incluso si es un susurro soviético”, liderado por Natalia Sobredo, estará a cargo de la música en vivo, mientras que se presentarán formalmente dos libros de poesía: “La hija pródiga”, de la autora tacuaremboense Rocío Medina —quien recientemente integró la delegación uruguaya en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires junto a figuras como Fernando Cabrera—, y «Cuánta fe se necesita para sostener un cuerpo», de Ailyn Curvelo. Como cierre de la actividad, se habilitará un espacio de micrófono abierto para que todos los asistentes interesados puedan leer, intercambiar y participar activamente.
El hito central de las celebraciones ocurrirá el próximo 26 de mayo, coincidiendo con el Día del Libro. En un acto junto al Intendente Departamental, se realizará el lanzamiento oficial de “Ediciones Intendencia Departamental de Tacuarembó”, una iniciativa que las autoridades califican como un episodio de gran relevancia histórica para las políticas culturales de la región.
Este nuevo sello editorial estatal nace con el objetivo de financiar y promover las obras de escritores locales, tanto emergentes como aquellos con años de trayectoria que no han logrado publicar en áreas literarias, académicas o de divulgación. Las autoridades señalaron que la iniciativa busca derribar las barreras económicas de las ediciones de autor y responder a las limitaciones del mercado editorial tradicional, tanto grande como independiente, que muchas veces prioriza únicamente a autores consagrados por criterios de rentabilidad financiera.
Portal del Norte
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