sociedad
El colectivo “Madres en Lucha” le hace frente a las adicciones

El colectivo “Madres en Lucha” es un grupo de madres formado en el año 2015, cuyo propósito es lograr construir una organización no gubernamental (ONG), para rehabilitar de forma clínica a jóvenes con problemas de adicción en la ciudad de Tacuarembó. Entre sus actividades, además, está la divulgación y prevención de sobre los problemas del consumo de sustancias ilegales. Actualmente el colectivo está integrado por 20 madres.
Portal del Norte se comunicó con una de sus miembros, Sandra Fernández, una madre que mantiene una intensa actividad como difusora de dicha causa en los medios de comunicación. “Esto es un tema de toda la sociedad en sí. No hay que tener miedo o vergüenza de pedir ayuda o de hablar de que se tiene un hijo/a drogadicto”, manifiesta Fernańdez.
Fernández desde su experiencia personal, confiesa que tiene un hijo que lucha contra su adicción desde hace varios años y que, hoy en día, él está bien. Y, sobre los hijos de las otras madres del colectivo explica que “ comenzaron a consumir drogas desde muy chicos, desde los 14 y 15 años. Primero empezaron consumiendo porro (Marihuana) y luego fueron con las drogas más duras como la cocaína y la pasta base”.
“Cuando se sumergen en la droga en sí, comienzan a tomar mucha agua, duermen todo el día, ya no comen ni se bañan. Y de ahí, sí ves eso en tu hijo/a, tenés que poner un alto”, advierte Fernández. En el hogar, así mismo, puede suceder otros problemas más complejos, Fernández aclara que “al comienzo en la casa las cosas chicas son las que entran a faltar y luego las demás cosas. Además, no podes dejar plata en la casa porque también te la roban para comprar la droga”.
“Cuando están sumergidos totalmente en las drogas no les importa nada. Ni el sufrimiento de las madres ni de sus seres queridos. Me pasó que me llamaban por celular y me pasaban una foto de que mi hijo estaba en tal boca y que tenía que ir a pagar la deuda de él”, añade Fernadez.
Uno de los principales problemas que ve el colectivo de Madres en Lucha es que, en Tacuarembó no hay un atención médica adecuada para los adictos, en ese aspecto Fernandez señala que “debería haber más atención psiquiátrica y terapeutas especializados en el asunto. Tanto en la salud pública como en la privada”.
El colectivo recientemente, en el mes de junio, estuvo en Montevideo apoyando en una manifestación frente al Palacio Legislativo a las “Madres del Cerro”, una fundación con idéntica causa que busca que se apruebe una “ley de intervención compulsiva” para aquellos adictos en situación de total desamparo.
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Tacuarembó bajo agua: el desborde del arroyo Tacuarembó Chico deja decenas de desplazados y afecta servicios clave

Fotos: Diego Gómez|
La ciudad de Tacuarembó atraviesa horas de profunda incertidumbre y emergencia debido a la fuerte crecida del arroyo Tacuarembó Chico, cuyo nivel alcanzó los 7,30 metros tras una jornada de lluvias intensas en todo el departamento. El desborde del cauce ha transformado el paisaje urbano en un escenario de calles anegadas y barrios aislados, obligando a las autoridades locales a activar protocolos de evacuación inmediata y a reorganizar el tránsito en puntos neurálgicos de la capital.
El impacto de la inundación se percibe con especial dureza en las zonas recreativas y periféricas. El emblemático Parque Rodó muestra sus puestos de tortas fritas y juegos infantiles bajo agua, mientras que la Laguna de las Lavanderas y la zona de Paso El Bote han sido completamente sobrepasadas por la corriente. En el Barrio Sandú, la situación es crítica: las familias han tenido que improvisar defensas y, en los casos más extremos, alistar botes para vigilar sus propiedades, mientras observan cómo el agua brota desde los suelos de sus dormitorios, destruyendo muebles y pertenencias a su paso.
De acuerdo con la información proporcionada a Canal 7 por Martín Saralegui, representante del Centro de Emergencias Departamental (CECOED), actualmente se registran 11 personas evacuadas —alojadas en el Club Central— y más de una veintena de autoevacuados. Saralegui destacó que el número de desplazados podría ser mayor, pero muchos vecinos optan por permanecer en sus hogares inundados por temor a la inseguridad y la pérdida de sus bienes materiales. Desde el organismo se ha hecho un llamado enfático a que la población en riesgo solicite ayuda a través del 911 durante las horas del día para evitar rescates nocturnos de alta peligrosidad.


La logística urbana también ha sufrido un duro golpe. Juan Carlos Osorio, desde el área de Tránsito, para el mismo medio, detalló un complejo esquema de cortes que incluye la interrupción de la avenida Seco Aparicio y desvíos en las calles Gutiérrez Ruiz y Lavalleja para mitigar el caos en las horas pico. La Terminal de Ómnibus ha visto sus operaciones afectadas, con varias empresas de transporte interdepartamental obligadas a atender fuera de sus plataformas habituales debido al agua acumulada en la zona de la rambla y la calle Ituzaingó. Se recomienda a los viajeros verificar la situación de sus servicios antes de asistir a la terminal.
Este panorama es el resultado directo de acumulados pluviales extraordinarios en el departamento, según los registros de la Jefatura de Policía de Tacuarembó. Localidades como Achar alcanzaron los 156 mm, Curtina 145 mm y San Gregorio de Polanco 140 mm, mientras que la capital departamental registró 80 mm. Aunque el reporte de las 19:16 horas indicaba que el nivel del arroyo comenzaba a estabilizarse al cesar las lluvias, el comité de emergencia se mantiene en sesión permanente, vigilando de cerca los barrios Rivera, Oliva y Echeverry, históricamente vulnerables a este tipo de fenómenos climáticos.
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Incertidumbre en el Sandú: 30 familias acampan frente a la Intendencia tras orden de desalojo

Foto: Canal 7|
El clima de tensión se trasladó a las puertas de la Intendencia Departamental. Un grupo de vecinos de la zona de la calle 25 de Agosto y la Rambla, en el barrio Sandú, inició un acampe por tiempo indeterminado. La razón es urgente: una notificación judicial les advierte que, de no abandonar sus hogares antes del 25 de mayo, serán desalojados mediante el uso de la fuerza pública.
La movilización, encabezada por Silvia Rodríguez y Adrián Suárez, busca visibilizar el drama humano detrás de un litigio de tierras que, según los ocupantes, tiene raíces generacionales. Para Silvia Rodríguez, el conflicto no es solo legal, sino de identidad. Ella asegura que su familia habita ese lugar desde hace más de 100 años, pasando por sus abuelos y su padre, Pedro Rodríguez. Según su relato, el terreno fue objeto de una disputa legal que su padre habría ganado en el pasado, pero tras su fallecimiento y el paso de más de dos décadas, un abogado habría apelado en Montevideo logrando revertir la situación a favor de un privado sin que la familia fuera notificada del proceso.
La valorización del terreno tras la construcción de la Rambla es señalada por los vecinos como el motivo principal detrás del interés por recuperarlo. Sin embargo, el costo social es elevado: el censo realizado por los propios vecinos arroja una cifra de 30 familias afectadas, que incluyen a 27 niños y adolescentes, así como personas mayores con problemas de salud, como un hombre que padece Parkinson y una mujer de 72 años con movilidad reducida.
La precariedad económica es el principal obstáculo para un realojo autónomo. Adrián Suárez explicó que la mayoría de los habitantes viven de “changas” y de la venta callejera de alimentos, lo que les impide acceder a un alquiler o tener ahorros para una mudanza de emergencia. Ante la falta de recursos, las familias exigen una solución inmediata que pase por quedarse en el lugar o ser incluidos en un plan de viviendas dignas.
Como medida de fuerza, los niños han dejado de asistir a la escuela y al jardín para permanecer en el acampe. Los manifestantes aseguran que no se retirarán de las puertas de la Intendencia hasta ser recibidos por el Intendente Departamental, buscando una salida política antes de que el 25 de mayo el desalojo se haga efectivo con el apoyo de la policía. Mientras tanto, el grupo sobrelleva la espera con ollas populares y la convicción de defender lo que consideran su única herencia legítima.
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Condenan a siete años de prisión a militar por torturas en el Regimiento de Tacuarembó

El Juez Letrado de Primera Instancia de Tacuarembó de 5to. Turno, Óscar Suárez, dictó sentencia definitiva contra el militar retirado Carlos Chaine, condenándolo a siete años de penitenciaría por crímenes cometidos durante la última dictadura militar. La resolución, fechada el 2 de marzo de 2026, establece la responsabilidad de Chaine como coautor de cuatro delitos de privación de libertad, en concurrencia con reiterados delitos de abuso de autoridad contra los detenidos y lesiones personales.
Los hechos que motivaron la condena se remontan a febrero de 1976 en el Regimiento de Caballería Mecanizada Nº5 de Tacuarembó. Según el expediente judicial, las víctimas —militantes del Partido Comunista del Uruguay identificados como Emilio Toribio, Ariel Zapata, Carlos Pintos, Julio Basualdo, María del Carmen Rebuffo y María Elvira Gómez— fueron sometidas a torturas sistemáticas que incluyeron plantones prolongados, el uso de la picana eléctrica, colgamientos y simulacros de fusilamiento, además de violencia psicológica y trabajos forzados degradantes.
La causa judicial, que se extendió durante 14 años desde su apertura en marzo de 2012, enfrentó diversas dilatorias procesales interpuestas por la defensa, centradas principalmente en recursos de prescripción. A lo largo del proceso, varios de los militares y un médico inicialmente denunciados fallecieron, quedando Chaine como el principal responsable supérstite alcanzado por la sentencia.
El fallo del magistrado, que consta de más de 40 carillas, se sustenta en una sólida base probatoria documental y testimonial. El juez Suárez destacó la «convergencia fáctica» en los relatos de las víctimas, quienes describieron con precisión el cuartel en construcción y el uso de carpas con piso de madera, detalles que el propio Chaine admitió en sus declaraciones. Esta coincidencia situó al indagado en el mismo espacio físico y temporal que los detenidos.
Asimismo, informes del Ministerio de Defensa y actas de la antigua Justicia Militar confirmaron que Chaine revistaba como Alférez y encargado de obras en dicha unidad al momento de los hechos. La sentencia subraya que su rol como encargado de obra le otorgaba un conocimiento exhaustivo del predio y un «dominio operativo» que facilitó la ejecución del plan delictivo y el mantenimiento de la coacción sobre los civiles detenidos.
El dictamen judicial concluye que la participación de Chaine fue necesaria para la consumación de los apremios físicos, señalando que el encausado integraba el círculo de confianza del aparato represivo local en Tacuarembó hace cinco décadas.
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